No hace muchos años, las tecnologías e los sistemas de información se basaban fundamentalmente en el manejo de determinadas aplicaciones de productividad, operadas por los técnicos del área mecanizada en cuestión, y desconectadas entre sí. Estas aplicaciones generaban información orientada fundamentalmente al dato, y no disponían de la posibilidad de compartir dicha información de manera electrónica entre los distintos departamentos y personas.
La orientación actual de la tecnología está dirigida a apoyar transversalmente todos los procesos y servicios que presta la organización, haciendo participes a todos los agentes implicados en el negocio, la propia organización, proveedores, colaboradores y clientes. El trabajo es participativo y la información que se genera se interrelaciona y se consolida para formar una gran base de conocimiento de la empresa, que estará muy relacionada con su competitividad.
La información, pues, se convierte en una valiosa materia prima, y en un claro elemento de competitividad. Debido a ésto, disponer de unas infraestructuras, que aseguren un buen rendimiento, una máxima disponibilidad y seguridad y unas eficientes comunicaciones es una decisión clave para cualquier empresa u organización.